Existe una diferencia entre la curiosidad y el asombro: mientras una busca, la otra encuentra. En la obra de Alberto ambas virtudes se encuentran y componen entre sí una coreografía lumínica que expone una realidad que se resiste a ser representada. Tensión y armonía; instantáneas de un lugar al que quizá nunca regrese pero que ya hizo suyo. Una imagen que cuenta las historias, recuerdos que recorren cada rincón del día vivido y configuran el poema.
La luz que te abraza se hace liviana, luego lívida y sutil hasta desvanecerse. Con el útlimo aliento perfora las paredes de tu habitación, prepara el camino nocturno y escribe su nombre en tus muros con ideogramas de sombra. Es un efecto cósmico.